lunes, 27 de febrero de 2012

Sólo se que no se nada

Sí nadie lo remedia, este mes de Julio cumpliré un cuarto siglo. No veo que haya nada de malo en eso, como muchos de mis coetáneos se empeñen en afirmar, y aunque no puedo negar que se han pasado rápido, han dado para más anécdotas de las que se pueden contar en una velada. Y me refiero a una velada de las que empiezan con un aperitivo a media mañana y acaban con unos churros al amanecer siguiente. No puedo presumir de la vida más emocionante de todos los tiempos pero hasta el momento no veo motivo de queja. Desde seis días en Villajoyosa con mi charanga Saltacekias en los que pasó de todo, a mi gran amigo Jerónimo doblando la vara de un trombón en la espalda de mi gran amigo Leopoldo. Desde jornadas de estudio maratonianas en la Merced, hasta montar una fiesta en la puerta del restaurante donde celebramos nuestra graduación después de toda la noche de juerga. Desde una semana en Punta Cana, a casi cinco meses que llevo en Manchester que van a dar para varios tomos de mi biografía.

Cuento todo esto porque hay una anécdota que marcó el devenir de mi vida y me hizo tal como soy. Corría el año 2001. Las torres gemelas acababan de caer y mi primer curso en el instituto me estaba llevando directamente a los brazos de la adolescencia. Por aquel entonces devoraba toda la música que encontraba en mi casa: vinilos de El Último de la Fila, cintas de Joaquín Sabina y Gabinete Caligari, en resumen, lo que me dieron a escuchar mis padres y que aún hoy vuelvo a recordar y guardo en un sitio especial en mi corazón. Por otro lado, mi queridísimo amigo Alberto y yo aprovechábamos su conexión a internet para descargarnos canciones de The Offspring y (no me siento orgulloso pero todos tenemos un pasado) de Mago de Oz. Un día, estando en su casa sin hacer nada, nos pusimos a ver la tele. Explicándome estaba él que en el MTV2 solo ponían videoclips de música rock cuando empezó el video de Heart Shaped Box, primer single que Nirvana lanzaron de su último álbum, In Utero. Algo se revolvió dentro de mi, no se el que, ese día fue cuando vi que eso era lo mio. Así empezó mi etapa de amante del rock, que se prolonga hasta el instante en el que estoy escribiendo esto.


Desde aquella tarde mis conocimientos sobre música no han hecho más que crecer y puedo presumir de saber algo sobre rock, sus distintas épocas, sus grupos más punteros, los pioneros de los distintos géneros, etc. Pero hace un par de semanas se volvió a demostrar mi ignorancia al descubrir a los Melvins. Grupo que, después de escuchar su maravilloso disco Houdini, veo esencial para entender un estilo tan básico como es el grunge. Si bien este disco se publicó en 1993, la trayectoria de la banda empezó en 1983 en Seattle, donde el batería Dale Cover se unió al guitarrista y cantante Buzz Osbourne. No publicarían su primer disco hasta 1987, poniendo de manifiesto sus influencias, que van desde el heavy metal más denso como por ejemplo Black Sabbath, al punk más rápido y desenfrenado.Una mezcla un tanto extraña que dio lugar a la semilla del sonido de los noventa. Escuchando a los Melvins puedes suponer de donde sacaron Alice In Chains la idea al componer muchas de sus canciones, y si añadimos algo de sonido Led Zeppelin y removemos obtendremos la primera época de Soundgarden. Nirvana no hicieron más que mezclar su sonido más convencional con el sucio sonido de los Melvins. Todo sale de aquí, y lo que más me jode es que me acabo de enterar.

Buzz Osbourne
Houdini es el disco más vendido del grupo hasta la fecha. No puedo esperar a hacerme con los demás y seguir disfrutando del sucio y ruidoso sonido marca Seattle. Quizás la popularidad añadida que tuvo este disco se debió a tener como productor a un ídolo de masas como era Kurt Cobain, amigo y seguidor de la banda. He de admitir que no es una banda apta para todos los públicos y que a veces cuesta entrar, pero aún así puede gustarle a gente con diversos gustos  musicales. Su sentido del humor y su música poco radiable han hecho que no lleguen a la primera división, pero pueden presumir de haber contribuido a crear un estilo, que es más de lo que muchos pueden decir. Sólo me queda decirles gracias por, como ya he dicho, dejar clara mi ignorancia musical una vez más. Una dulce ignorancia, ya que significa que me queda una cantidad grandisima de música que descubrir y que voy a disfrutar haciéndolo. De momento, son un grupo más al que admirar de los muchos que he descubierto desde que aquella tarde de otoño descubrí que una vez existió un grupo llamado Nirvana.


Marcos

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